
Sólo queda un mes (-5 días) para las fulanas elecciones presidenciales, y yo, a un mes (-5 días), y siendo plenamente sincera (si eso es posible), todavía no sé si iré a votar o no; mucho menos sé si me atreveré o lo haré por amor.
Sí, sí, vendrán muchos a decirme que votar es un derecho y un deber que tenemos como ciudadanos, que si no voto entonces no tengo derecho a quejarme, etc. etc. etc. Pero como yo lo veo, y esta siempre ha sido mi pregunta en épocas electorales: ¿Por qué debo elegir entre una manzana y una pera podridas? ¿Entre un candidato malo y uno peor? (con el agravante de no saber cuál es cuál). Además de tener la sensación que ya han elegido por mí sin yo saberlo, incluso antes de conocer las opciones que tengo para escoger… pero esto ya es una especie de paranoia muy personal.
La primera vez que ‘ejercí mi derecho al voto’ fue durante el Referendum (para las presidenciales del 98 yo tenía 17 todavía), y recuerdo que me calé mi cola sin chistar, que la mayoría de los que estábamos ahí manifestábamos un cierto entusiasmo -además de la típica echadera de broma venezolana- y nadie se quejaba por los constantes cambios de seña del CNE (primero que si una sola cola, después que tres colas, después que dependiendo de la terminación de la cédula se hacía una cola u otra…), en realidad parecía más un encuentro dominguero entre panas: sillas playeras, refresquitos, agua o cervezas según el gusto, gente compartiendo audífonos para ir escuchando los reportes (o música pa matar el fastidio), en fin, cada quien con la firme convicción de estar haciendo lo correcto… los resultados sólo terminaron de afianzar mi eterna paranoia. A los días, tuve la oportunidad de sentarme a hablar con mi abuelo (tenía tiempito sin verlo), y me explicaba por qué él no fue a votar esa vez, su cuento (palabras más, palabras menos) iba más o menos así: “Yo nací y me formé bajo una dictadura militar, así que hasta cierto punto fui testigo de lo que es capaz de hacer un régimen autocrático por mantenerse en el poder. Formé mi familia e hice mi carrera bajo un régimen democrático (consecuencia o fruto de lo anterior), y conozco también las costumbres y manías de sus dirigentes. Ahora soy testigo de la ‘revolución’ -o robolución, como le llaman algunos-, que también es consecuencia o fruto de lo anterior, y una supuesta oposición con ‘nuevos líderes’ encompinchados con los de siempre. Entonces, ¿cómo puedo pretender yo cortar el árbol podrido, si me van a quedar sus frutos?”.
Por otro lado, también tengo la idea que esté quien esté en ‘la silla’, esto ha sido (y al parecer será) más de lo mismo; si no, que lo diga mi papá que en la cuarta veía como le ganaban las licitaciones de proyectos de construcción los amigos del Director General de Infraestructura Municipal de blah, blah, blah (el cargo suele ser más largo de lo que ellos pueden pronunciar), quienes terminan llevándose los reales y abandonando los proyectos. Y ahora en la quinta debió quedarse casi en la calle y sin un centavo (para no quedar como el estafador que no echó a andar la construcción de tal complejo residencial), porque al innombrable se le ocurrió a último momento viajar a la Conchinchina y usar el dinero, destinado a los proyectos habitacionales, en el ‘chupadólares’.
¿Por qué ningún candidato habla de invertir los reales del petróleo en áreas de producción básica? ¿Por qué tienen complejo de Mandrake y hacen creer que pueden solucionar todo con una varita mágica y en cuestión de segundos? (Dejándole a los más flojos la idea que ahora van a tener de todo sin mover un dedo). Todos ofrecen hacerse cargo de la seguridad, pero si no le dan un parao al descaro chanchullero de las fuerzas policiales y militares ¿cómo pueden pretender lograr resultados contundentes, donde el titular de la última página no sea “Matan de un tiro a estudiante por quitarle los zapatos” (por ejemplo)? ¿Quién les dijo que los colores les pertenecen… y, es eso realmente importante?
En fin, todas estas letras pican y se extienden, además que quiero tomarme un respiro… tal vez mis pensamientos y preguntas sean insípidas, tal vez por no ser una ‘estudiosa’ del tema o por simplemente no querer empaparme (o embarrarme) de información estoy algo desubicada en el asunto, pero por ahora sólo me concentraré en tratar de responderme dos preguntas: ¿Debo ir a votar? ¿Por qué?
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