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Si te lo llevas “sin permiso” pero lo devuelves NO es robo…


Resulta que hay una compañera que está en preparativos de boda, corre-corre aquí, compras por allá, pagos, pagos y más pagos, para que todo le salga tal como ella y su futura ‘víctima’ esperan… entre sus nuevas ‘manías’ tiene la de revisar casi a diario su cuenta bancaria, en la que tiene lo que ha logrado reunir para el magno evento, y ver como va distribuyendo sus fondos y todo el cuento (de más está decir que ya tiene unos cuantos milloncejos ahorrados).
Lo cierto es que hace unos días en la mañana ella, al apenas llegar a la oficina, se dispone a hacer el rutinario chequeo on-line de su dinero y se da cuenta que le falta ‘alguito’. Antes de entrar en pánico decide primero llamar a su novio (quien trabaja en el banco donde ella tiene ese dinero) para asegurarse si fue él o no el que hizo la transacción de ese ‘alguito’; él confirma por su lado y devuelve la llamada con la fatídica frase “Nos robaron” :s (ah, olvidaba decir que el famoso ‘alguito’ constaba de 4 MILLONES! 850 mil bolívares).
Gracias a esta manía de revisar su cuenta bien temprano y a que su novio trabaja en ese banco, lograron hacerle seguimiento a la transacción (cuyo destino era otro banco), bloquearla y recuperar esos reales antes de que fuera demasiado tarde.
Creerán que esto acabó aquí, pero no, lo realmente insólito e indignante vino después: Los del banco no pueden ir a otra entidad a averiguar de buenas a primera datos sobre los titulares de cuenta y ver si hay alguna irregularidad, para eso deben llevar la denuncia formulada ante la PTJ (o CICPC, o como se llame) y en esa otra entidad les permiten revisar la información que necesiten. Mi amiga va a la policía, por recomendación de los de su banco, a poner la denuncia del caso y ver si puede contribuir con evitar otro caso parecido, la respuesta en la policía fue: “No le podemos procesar esa denuncia, porque como le devolvieron su dinero pues ya no hace falta” (PLOP!).

Es decir (a ver si entendí):
1.- Como estas situaciones son el pan nuestro de cada día, ya no hay que tomarse la molestia de poner la denuncia porque ¿para qué hacer algo si ya son tantos los casos, verdad?
2.- Ahora hay que dejarse robar para que los cuerpos de (in)seguridad hagan como que mueven un dedo, claro, entre tanto papeleo y trámite al parecer no les da tiempo de ‘empezar’ a moverse.
ó 3.- Si yo agarro un carro, por ejemplo, me lo llevo, voy a la playa en él, le doy la cola a todo el mundo, pero al final lo devuelvo, ¡¿no me pueden hacer nada, pues ya no haría falta, verdad?!

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El país de ‘todo el mundo’…


“¡Señor, déjeme por aquí…!” se deja escuchar entre las bocinas de fuera y el reggeton dentro de la unidad. El conductor -al parecer uno de los pocos con un rastro de sensatez vial- no sabe ya qué hacer para que la señora entienda que ‘por aquí’ no hay parada: “Pero todo el mundo lo hace, así que por eso yo ‘siempre’ me quedo aquí” …la escena no sucedió una sino dos veces en el mismo trayecto, a pocos metros de distancia.
Mientras tanto, en una esquina no muy lejos de allí, la hora pico hace estragos en el tránsito, los semáforos deprimen cada vez más su solitaria incandescencia al ser ignorados completamente por quienes deberían respetarlos. Un conductor particular decide no hacer caso a la luz roja y no se conforma con quedarse en medio de la transversal, sin dejar pasar a nadie, sino que a último minuto prefiere dar una giro indebido, provocando que un autobús de pasajeros frene de manera brusca, condutor y acompañante del particular se bajan del auto a gritarle improperios al busetero por ‘abusador’ “¡Pana, pero si aquí todo el mundo da la vuelta! ¡¿Que no ves que vamos pasando nosotros?!” (¿Por qué se le habrá ocurrido al chofer del autobús pasar mientras su luz estaba en verde?).

La fórmula no es exclusiva del tránsito y es repetida una y otra y otra vez: Todo el mundo lo hace… todo el mundo se sale con la suya… a todo el mundo le importa un carajo pasar por encima de los demás, porque cada quien es único… como todo el mundo.

Dueños, amos y señores de la vía…

Debo abrir estas líneas con mi usual expresión

¡Chofer de autobús NO ES GENTE!
Sé que lamentablemente estoy metiendo en ese saco a señores honrados, padres/esposos/hijos, que sólo tienen ese trabajo como medio de sustento para sus familias, pero de los centenares que pueda haber en esta ciudad crepuscular yo sólo he visto 3, ¡T-R-E-S! (Dos con los que me he topado en mis aventuras con el transporte citadino, muy amables y respetuosos, y uno que es mi vecino y me consta que es todo un señor).
Resulta que hace unos días mi Gabo casi se queda sin padres (no exagero) gracias a la magnífica personalidad de uno de estos especímenes viales:
Carretera vía Duaca -para los que han transitado por ahí, sabrán que son curvas y más curvas-, dos canales, el papá de Gabo va por el canal que le corresponde, en sentido contrario viene un Encava A-TODA-VELOCIDAD tratando de pasar a otro carro EN-PLENA-CURVA, mi suegro maniobra (y no era que tenía mucho espacio para hacerlo) pero el autobús en cuestión termina llevándose por delante casi todo el lado izquierdo de la camioneta, se desbarranca y lo detiene un árbol; la camioneta se bambolea hasta casi voltearse y se detiene. Afortunadamente a mis suegros no les pasó nada (al menos no físicamente), sin embargo, la camioneta fue pérdida total. ¿El chofer del colectivo? Venía solo y BO-RRA-CHO… por supuesto salió ileso.
El día siguiente es de papeleo y declaraciones en Inspectoría, y de la nada salen como 5 compadres/colegas/parientes de la joya en cuestión a decir que ellos (cada uno de ellos) iban manejando, imagínense la escena: “No, no, distinguido, Fulano no iba manejando, el que iba manejando era yo… blah, blah, blah”. Todos y cada uno de los personajes con una historia más incoherente que la otra.
Ahora, poniéndome yo fatalista, ¿y si de verdad mis suegros se hubiesen hecho daño? De haberse ocasionado ‘pérdidas lamentables’ -como dicen en los diarios-, este señor y su comitiva de amigos del alma, ¿hubiesen asumido las consecuencias? Yo sinceramente lo dudo, porque pa cobardes búsquenlos (así como lo escribo, CO-BAR-DES); ‘personas’ que creen hacernos un favor al llevarnos y traernos y por eso pueden usar las calles, avenidas y carreteras como mejor les parece, y cuando se meten en ese tipo de problemitas en los que se ven con la soga al cuello recurren a esa maravilla tropical llamada Sindicato, que al parecer sólo sirve para alcahuetear sinvergüenzuras y exigir a las alcaldías aumentos de pasaje.
Por lo pronto mi suegro se encuentra pasando el susto y las de Caín, ahora que no posee su también herramienta de trabajo (el carro)… porque al otro ser lo más seguro es que le lluevan -de parte de sus compadres- las opciones de volver a encargarse de otro autobús “¡pa que eche pa’lante, carájn!” Y mejor no sigo, porque ya me está hirviendo la sangre y estoy comenzando a recordar otras hermosas anécdotas muy recientes con estos representantes del ‘salto atrás evolutivo’.

Pensamientos sueltos y preguntas en 3D…


Sólo queda un mes (-5 días) para las fulanas elecciones presidenciales, y yo, a un mes (-5 días), y siendo plenamente sincera (si eso es posible), todavía no sé si iré a votar o no; mucho menos sé si me atreveré o lo haré por amor.
Sí, sí, vendrán muchos a decirme que votar es un derecho y un deber que tenemos como ciudadanos, que si no voto entonces no tengo derecho a quejarme, etc. etc. etc. Pero como yo lo veo, y esta siempre ha sido mi pregunta en épocas electorales: ¿Por qué debo elegir entre una manzana y una pera podridas? ¿Entre un candidato malo y uno peor? (con el agravante de no saber cuál es cuál). Además de tener la sensación que ya han elegido por mí sin yo saberlo, incluso antes de conocer las opciones que tengo para escoger… pero esto ya es una especie de paranoia muy personal.

La primera vez que ‘ejercí mi derecho al voto’ fue durante el Referendum (para las presidenciales del 98 yo tenía 17 todavía), y recuerdo que me calé mi cola sin chistar, que la mayoría de los que estábamos ahí manifestábamos un cierto entusiasmo -además de la típica echadera de broma venezolana- y nadie se quejaba por los constantes cambios de seña del CNE (primero que si una sola cola, después que tres colas, después que dependiendo de la terminación de la cédula se hacía una cola u otra…), en realidad parecía más un encuentro dominguero entre panas: sillas playeras, refresquitos, agua o cervezas según el gusto, gente compartiendo audífonos para ir escuchando los reportes (o música pa matar el fastidio), en fin, cada quien con la firme convicción de estar haciendo lo correcto… los resultados sólo terminaron de afianzar mi eterna paranoia. A los días, tuve la oportunidad de sentarme a hablar con mi abuelo (tenía tiempito sin verlo), y me explicaba por qué él no fue a votar esa vez, su cuento (palabras más, palabras menos) iba más o menos así: “Yo nací y me formé bajo una dictadura militar, así que hasta cierto punto fui testigo de lo que es capaz de hacer un régimen autocrático por mantenerse en el poder. Formé mi familia e hice mi carrera bajo un régimen democrático (consecuencia o fruto de lo anterior), y conozco también las costumbres y manías de sus dirigentes. Ahora soy testigo de la ‘revolución’ -o robolución, como le llaman algunos-, que también es consecuencia o fruto de lo anterior, y una supuesta oposición con ‘nuevos líderes’ encompinchados con los de siempre. Entonces, ¿cómo puedo pretender yo cortar el árbol podrido, si me van a quedar sus frutos?”.

Por otro lado, también tengo la idea que esté quien esté en ‘la silla’, esto ha sido (y al parecer será) más de lo mismo; si no, que lo diga mi papá que en la cuarta veía como le ganaban las licitaciones de proyectos de construcción los amigos del Director General de Infraestructura Municipal de blah, blah, blah (el cargo suele ser más largo de lo que ellos pueden pronunciar), quienes terminan llevándose los reales y abandonando los proyectos. Y ahora en la quinta debió quedarse casi en la calle y sin un centavo (para no quedar como el estafador que no echó a andar la construcción de tal complejo residencial), porque al innombrable se le ocurrió a último momento viajar a la Conchinchina y usar el dinero, destinado a los proyectos habitacionales, en el ‘chupadólares’.

¿Por qué ningún candidato habla de invertir los reales del petróleo en áreas de producción básica? ¿Por qué tienen complejo de Mandrake y hacen creer que pueden solucionar todo con una varita mágica y en cuestión de segundos? (Dejándole a los más flojos la idea que ahora van a tener de todo sin mover un dedo). Todos ofrecen hacerse cargo de la seguridad, pero si no le dan un parao al descaro chanchullero de las fuerzas policiales y militares ¿cómo pueden pretender lograr resultados contundentes, donde el titular de la última página no sea “Matan de un tiro a estudiante por quitarle los zapatos” (por ejemplo)? ¿Quién les dijo que los colores les pertenecen… y, es eso realmente importante?

En fin, todas estas letras pican y se extienden, además que quiero tomarme un respiro… tal vez mis pensamientos y preguntas sean insípidas, tal vez por no ser una ‘estudiosa’ del tema o por simplemente no querer empaparme (o embarrarme) de información estoy algo desubicada en el asunto, pero por ahora sólo me concentraré en tratar de responderme dos preguntas: ¿Debo ir a votar? ¿Por qué?

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3-D en 3D


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Con el único requisito indispensable: El gusto por contar historias.

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Monadas…


Esas ‘graciecitas’ que hace la gente; jaja ja tan monas que provoca soltarles una cachetada de buen humor :/

Chica bien arreglada… mmm, bueno, no tan chica… aparentemente de camino a su oficina, de ropa jovial excesivamente combinada con mucho rosa, uno de sus tobillos tatuados, bolsa semi-transparente de productos ‘light’ (yogourt, leche descremada, items varios) en una de sus manos, y bolsita de confites naturales en la otra.
La señora en cuestión cruza la calle mientras intenta abrir los confites, esos de elaboración artesanal empacados en bolsitas transparentes y cerrados con una etiqueta de cartón sujetada con grapas… al llegar al otro lado de la calle, a la parada de autobús, logra terminar de abrir sus golosinas y la etiqueta de cartón mágicamente cae al suelo (bueh, culpemos al viento); lo triste del asunto es que la señora ¡DEJA-EL-PAPEL-DONDE-CAYÓ! teniendo a dos pasos (sí, DOS, los he contado) un kiosko -donde hay una papelera- :@
El autobús no llegaba, y el papel seguía en el mismo lugar, la señora dio los dos pasos hacia el kiosko, sólo para sentarse en una silla que estaba allí desocupada y protegida del sol… pero ¡NO-SE-PUDO-LLEVAR-EL-PAPEL-CON-ELLA! A mí no me quedó otra que levantar el abandonado papelito, acercarme al kiosko y decir “Disculpe DO-ÑI-TA*, se le cayó un papel que parece importante…”, acto seguido lo dejé en el basurero que estaba justo a su lado.
Entonces, ¿¿¿de qué le sirve a ‘estaniña’ comprar sopotocientos productos light para mantener su figura, y procurarse esa imagen impecablemente actual, si ya está obviamente podrida??? mmm, lamentablemente seguirá siendo un misterio inexplicable de nuestro insólito universo :s

(*) Creo que le dolió más el ‘Doñita’ que el haberla dejado en evidencia como una cochina…

Indignación…

*Tengo el corazón chiquitico y un nudo en la garganta…* 😥