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¿A qué le temes?


Una fría gota de sudor te recorre la espalda, mientras el resto de tu cuerpo se entumece, se paraliza, no responde bajo ninguna circunstancia, ni siquiera como acto reflejo. Sólo te quedas ahí mirando al vacío, sin moverte, con un millón de pensamientos dispersos y disímiles acerca de lo que podría pasar, pero el pánico sólo te hace imaginar una sola conclusión: el desastre, la tragedia griega, el drama… si tan sólo dominaras ese miedo lograrías ver que sólo es una conclusión “posible” mas no definitiva; si dejaras el temor de lado verías que también podría ser todo lo contrario de lo que piensas, podría ser una salida, podría ser una conclusión positiva…

Si no estuvieras tan aterrada verías que sólo tienes que hacer una sencilla pregunta, sólo una… la respuesta estaría entre dos monosílabos: Sí / No.

¿Lo irónico de la situación?
Que la respuesta no es importante, para nada, con cualquiera de las dos seguirías adelante, hacia ese horizonte que te trazaste con lápices de colores pero que el miedo te lo pinta demasiado lejos… tal vez está al alcance de tu mano y no lo sabías.

¿Es un Sí? Sigues adelante, invitando al que te quiera acompañar en la continuación de la historia. ¿Es un No? Sigues adelante, en una página nueva y limpiecita…

Entonces, ¡¡¡¿a qué carajo le temes?!!!

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P.D *off topic*: Ya viene Mayo y con él una nueva entrega del Calendario Bloguero 2007, así que los blogueros que aún no han enviado sus datos tienen hasta el Lunes 30 de Abril para hacerlo. Tienen que enviar a cumpleblogueros@gmail.com: Nombre o nick, foto (real o no), enlace a su blog y fecha de cumpleaños, y así tendrán su lugar asegurado en el Calendario 😉

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Tendrías 17…

Hola Dani,

Hoy recordé tu cumpleaños… en realidad todos los años lo hago, pero esta vez fue particular porque me puse a sacar la cuenta de la edad que tendrías y traté de imaginar cómo serías hoy en día…
¿Seguirías siendo el ‘líder’ de tu patota de amigos? No te hacía falta ser agresivo o autoritario, por alguna razón los demás te seguián incondicionalmente.
¿Seguirías siendo el ‘atraco’ de la cuadra con las chicas… o por el contrario, serías tímido con ellas?
¿Mantendrías tu cabello claro… o al igual que mi papá, se te iría oscureciendo con el tiempo?
¿Aparentarías aún ser muy grande para tu edad… o llegarías a la estatura promedio de la familia? (No más de 1,70 en los hombres).
¿Seguirías siendo en ocasiones el rebelde sin causa que ya demostrabas ser y manteniendo ese humor agudo? Yo creo que sí, eso se lleva en la sangre, bro 😉

Tú y yo no compartíamos a diario ni éramos unidos; sin embargo, las pocas veces que podíamos reunirnos el ‘click’ de personalidades era instantáneo, sólo con mirarnos ya intuíamos lo que el otro quería hacer o decir y simplemente nos convertíamos en cómplices de fechorías… tu mamá y mi mamá se ponían histéricas de los nervios, a mi papá no le quedaba otra opción que reír.

Hoy no pude evitar ponerme nostálgica al pensar en ti y he estado haciendo un esfuerzo sobrehumano para no soltar más lágrimas mientras te escribo esto, sólo me queda el alivio de saber que, donde sea que estés, te encuentras mejor de lo que pudiste haber estado en tus últimos días.

Ya llegará el momento en el que me cuentes todo lo que has hecho, y entonces sí seremos inseparables…

Te quiere,

Tu hermana :’)

El número que Ud. ha marcado…


Eso es lo que ahora escucharás cuando llames…

Se agradece la atención, pero no soy tu darling, sweetie o little girl… aparte que no me como el cuento que hayas ‘olvidado’ el español, algo tan hermoso no se olvida así nada más.

Agradezco tus postales esporádicas y tus intenciones de hacerme saber que estás bien, donde quiera que estés, pero ya que volviste no hace falta que llames, escribas o envíes señales de humo cada 5 segundos… no es necesario vernos mañana, tarde y noche, durante todos los días de la semana para ponernos al corriente de nuestras aventuras y desventuras diarias… una salida es suficiente, una salida que ya pasó.

Lamento si te parezco grosera, malcriada o si es que simplemente no he sabido apreciar tus particulares halagos, pero yo tengo una vida, una de la que no quisiste ser parte hace ya muchos tiempo, una en la que ya decidí con quien compartir mis ‘experiencias’ en una comida o alrededor de unos tragos… y creo que de ser amigos sabrías que no me agradan las preguntas repetitivas de ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Con quién?
Esa actitud me ha convertido en una paranóica del teléfono: Número desconocido… no respondo. Tú número… mucho menos. No estoy, dejé el teléfono en casa, me quedé sin batería… no quiero oír tu voz, ya es suficiente.

Vete por donde viniste, que sólo tus señales ocasionales de vida, lejanas e impersonales, serán bien recibidas… y engavetadas con todas la demás.

No hay nada que decir…


…tus palabras no llegan a mis oídos.

A veces puedes alzar tu voz para decirme lo que sientes, pero a pesar de tus esfuerzos no logro escucharte.

En ocasiones, lo único que necesito es cerrar mis ojos y así percibir los latidos de tu corazón, llenos de fuerza y honestidad, que me guían hacia ti hasta sentir tu piel, tan erizada como la mía, y me llevan por el camino que conduce a tus labios… sólo la dulzura y el tibio aliento de tu boca, me permiten finalmente entender lo que tus gritos inútilmente querían expresar.

No hay nada que decir… la sinceridad de tus besos y la pureza de tu mirada no se expresa en palabras…

¿A dónde va?


Me levanto tarde… ¡nooo, otra vez!
Me toca apurarme una vez más, mientras doy los toques finales antes de salir escucho que la puerta principal se cierra de golpe, afuera se sienten unos pasos que se alejan apresuradamente; tomo mi bolso, las llaves y salgo “¡Hey! ¡Heeey! ¡No vayas tan rápido!”
Se monta en el primer autobús que le pasa por enfrente, no me queda más remedio que aplicar el cliché cinematográfico de subir a un taxi y soltar el: “Siga a ese autobús…”
Persecución frenética por el caos de la ciudad, conductores intransigentes, peatones inconscientes, gritos de buhoneros, cornetazos, calles semi-destruidas, y yo no le quitaba la vista a mi objetivo… el autobús se detiene, el taxi también, me bajo a toda prisa… “¡Heeeeey!”
Voy como en ‘sentido contrario’, dando tumbos entre la gente “¡Déjenme pasar!”… no puedo quitar la vista de mi objetivo… entre la premura de mi ‘cacería’ tropiezo y no puedo evitar caer de largo a largo sobre el duro asfalto.
Ella se aleja cada vez más, ya me es imposible alcanzarla, y nadie puede detenerla por mí, porque sólo yo la puedo ver.

Mi musa, a decidido marcharse.

Lo único que queda es levantarme, sacudirme el sucio y desear que a donde vaya esté bien, pero sobre todo que vuelva pronto.

Ese lugar…


Cálido y cómodo.
Ese lugar donde todo tiene sentido… donde nada importa.
Ese lugar donde arreglamos el mundo… donde reímos como niños… donde me cuentas tus sueños, yo los míos, y terminamos convirtiéndolos en ‘nuestros sueños’.
Con tus pies rozando los míos, tus dedos recorriendo mi cabello… no importa si es mi cabeza apoyada sobre tu pecho, o que tus brazos me rodeen mientras siento tu tibio aliento en mi cuello; un dulce beso y un brillo en las miradas nos regalan un poco de paz y cordura, y nos recuerdan que siempre tendremos para nosotros el lugar más seguro del mundo…

Reyes de papel en castillos de arena…


Se inventan su propio reino de castillos de arena y sal, que con su falsa calidez atraen y deslumbran a los que están fuera; pero una vez dentro, descubren su verdadera faz: fríos y amenazantes, devoradores implacables de almas incautas e ingenuas, capaces de exprimir hasta la última gota de motivación de quienes se acercan con buenas intenciones, y desecharlos una vez utilizado todo su potencial.
Pisotean sin remordimiento y mantienen cautivos a sus súbditos con chantajes disfrazados de falsas promesas y solidaridad, desgastando la voluntad y paciencia de cualquiera… fuertes o débiles, todos son iguales, ninguno vale nada.
Bofetadas de realidad los devuelven a sus sitio, y les hacen ver que son ellos los que no valen nada, que poco a poco la marea de justicia va cobrando su espacio y los va condenando a ser sólo un vago y amargo recuerdo…